domingo, 28 de diciembre de 2014

TRAVESURAS DE LA NIÑA REGULAR




    No sòlo habìa encontrado trabajo el primer dìa que salì a buscarlo, sino que ademàs, estaba a tres cuadras del Che Lagarto, mi casa. Ni que decir tiene que el sueldo era casi testimonial, pero aùn asì me sentìa afortunada. Lima nos parece barata a los españoles hasta que empezamos a cobrar en soles. Ahì cambia bastante la cosa. Los sueldos son bajìsimos y el alquiler y la comida no tan baratos como podrìa pensarse. Pero yo esperaba que el Barcelona 360 serìa un buen sitio para hacer relaciones interesantes. Y no me equivocaba.

Con algunos de mis compañeros del restaurante


   Mi contacto con peruanos se limita a los empleados del che lagarto, mis compañeros en el restaurante y los pocos clientes autòctonos que lo visitan. Paso la mayor parte de mi tiempo rodeada de españoles. No es que lo haya elegido, ni que lo prefiera, pero es lo que hay. Asì que decido apuntarme por las mañanas, antes de trabajar, a clase en la Alianza Francesa y allì sì que conozco gente de la ciudad. Me encanta asistir a esas clases . La Alianza està enclavada en una de las muchas casonas antiguas que flanquean la avenida de Arequipa. Anteriormente fue un colegio y ademàs de su indudable belleza arquitectònica, es uno de esos sitios dònde al traspasar el hall de entrada, con su impresionante cùpula de cristal, se siente una sensaciòn especial. Como si los rayos de luz que se filtran a travès del vidrio te envolvieran, transmitièndote paz.

   La colonia española en Lima resultò ser mucho màs numerosa de lo que nunca hubiera pensado. Creo que el nùmero de ingenieros españoles por metro cuadrado debe superar incluso al de la madre patria. Y principalmente de españoles es de lo que està formada la clientela del BCN. Tambièn muchos peruanos, claro, y bastante turismo internacional.

   Dicen que màs vale caer en gracia que ser gracioso, y algo asì me pasò a mì en Lima. Soy lo suficientemente vieja para saber que una gallina nueva en el corral, siempre provoca algo de revuelo, aunque la gallina no sea gran cosa. Y el corral de los españoles en Lima està bastante descompensado en la relaciòn gallina-gallo. Hay que decir que la gallina peruana anda un poco devaluada, debido sobre todo a su abundancia, y quizà algo tambièn a su excesiva untuosidad.

   El corral español està compuesto por algùn gallito chuleta que se ha adaptado con èxito a las nuevas reglas del juego y hace contìnuo alarde de lo bien que le va, pollos desplumaos que han salido de España dàndose patadas en el culo y ahora buscan reproducir en el Perù las mismas circunstancias que le llevaron a esa huida, y grandes cantidades de pollos-pera recièn salidos del cascaròn de la universidad, buscando en corral ajeno la oportunidad que no les ofrece el propio. Y casi la totalidad del gallinero pasa alguna vez por el BCN a buscar algo de maìz, que aquì llaman "canchita". Recuedo la cara de idiota que debì poner la primera vez que un cliente me pidiò que le diera "cancha".

   Asì fue como, casi sin darme cuenta, fui conociendo a lo màs granado de la comunidad española en la ciudad. Los dìas que habìa algùn partido de fùtbol importante de equipos españoles, no faltaba nadie. Jaime, mi mentor, me presentaba como la ùltima novedad llegada de España (aunque llegara  tras un ligero rodeo) y todos querìan conocer y charlar un rato con "la malagueña". Yo, como se puede imaginar, encantada con el papel, aunque me sentìa un poco incòmoda cuando me preguntaban por España, porque llevaba casi un año desconectada voluntariamente de cualquier noticia que viniera de allà. Raro era el dìa en que al terminar mi jornada no habìa un grupito de compatriotas esperando desde hacìa rato para mostrarme las maravillas de la noche limeña. Y yo me dejaba aleccionar. El cansancio de la jornada se disipaba con quitarme el mandil, pintarme los labios y tomarme una cuzqueña helada. Y a quemar Lima. El Tayta, un bareto en la avenida Larco, muy cerca del che Lagarto, se convirtiò no se sabe muy bien por què en el cuartel general de las correrìas de mi pandi limeña, en el sitio donde siempre acabàbamos la noche. Quizà porque es el ùltimo en cerrar.

El puente de los suspiros...sin respirar



El escenario del Tayta

   En Lima llevè la vida de estudiante que nunca habìa llevado cuando lo era. Los dìas se sucedìan entre el trabajo en el restaurante, dònde no paraba de conocer gente, y las incursiones nocturnas, a cual màs disparatada y divertida. Conocì gente maravillosa y gente indeseable. Gente peligrosa, gente desesperada.Gente con pasado, gente sin futuro. Gente, gente, gente. Y conocì esa especie de confraternidad que se produce entre los expatriados, ese sentido de comunidad que tan difìcil es para nosotros, los españoles, si no estamos fuera de nuestra tierra.

Y, como no, en el Barcelona es dònde me topè con el niño malo.








     



   

AREQUIPA, TACNA WILSON¡. SUBA AMIGUITAAA. DE TURISTA A EMIGRANTE.




    Aunque pueda parecer una imagen un poco manida, recuerdo el taxi de Isa alejàndose hacia el aeropuerto, envuelto  en la bruma limeña, mientras sentìa que en mi viaje se cerraba una etapa y se abrìa una muy distinta. Habìamos pasado juntas un mes maravilloso, intenso y muy  muy divertido. Sabìa que la iba a echar de menos un montòn, pero no tenìa màs remedio que acostumbrarme a volver a estar sòla. Isa es la mejor compañera de viaje que haya tenido, Hacemos un buen equipo. Tiene una curiosidad infinita por conocer cosas nuevas, respeto hacia todo y se encuentra igual de a gusto en un palacio o en una chabola. Y aunque a veces, de broma y con cariño, me meta con ella, es alguien con quien irìa al fin del mundo.

    No imaginaba hasta que extremo puede ser diferente una ciudad cuando pasas de turista a"emigrante". Tengo que entrecomillar la palabra emigrante porque me parece una falta de respeto calificarme como tal habièndo tanta gente que lo es realmente y cuyas circunstancias son tan distintas a las mìas. Yo podrìa decirse que fui una "emigrante" de salòn.



   Lo primero era buscar un trabajo. El problema era ¿de què podrìa yo trabajar? Yo hacìa màs de veinte años que no rellenaba un CV, es  màs, en realidad, yo NUNCA habìa rellenado un CV. Empecè a trabajar antes de terminar del todo la carrera, y aunque me habìa presentado a varias entrevistas de trabajo, y tuve algùn trabajillo mientras estudiaba, siempre fue a travès de contactos, nunca presentando un curriculum.

  Pero hay que ponerse manos a la obra. El ordenador del Pucllana no el màs moderno que me he encontrado en mi vida, por describirlo de una forma suave. No podrìa contar cuantas veces maldije aquel momento en Moorea en que mi notebook hizo click y se apagò para siempre. Ahora tengo que enfrentarme, ademàs de a mi inexperiencia como aspirante a trabajadora, a mi torpeza con los ordenadores y a la computadora del Pucllana, que durante unos dìas se convirtiò en el objeto màs odiado de mi vida limeña, superando incluso al tràfico y a la humedad.

   Aparte de intentar hacer un curriculum digno, pensè que tambièn serìa conveniente contactar con la embajada de España, dònde podrìan orientarme quizàs sobre còmo buscar alguna ocupaciòn durante mi estancia. Por supuesto, una vez que me plantè allì, me tomaron nota y me dijeron, no muy amablemente, que podrìan recibirme dentro de tres semanas. Me pareciò excesivo, pero afortunadamente no me encontraba en una situaciòn de emergencia ,asì  que no podìa hacer màs que esperar. Y sin demasida fe, la verdad.

   Los turistas se mueven en taxi, los "emigrantes", en combi. Eso ya fue un cambio sustancial. El transporte pùblico en Lima es algo muy particular. Tardè mucho tiempo en comprender las diferencias entre el metro (que es un autobùs o tambièn un supermercado), las combis, que son camionetas, los autobuses y las cùsters. Al principio impone, pero cuando le coges el gusto, si no tienes prisas, un viaje en combi puede ser una  de las experiencias màs divertidas y enriquecedoras que te ofrece la ciudad. Y barata. Eso sì, tienes que estar preparado para cualquier cosa; estrecheces, malos olores, peleas, discusiones e incluso que el trayecto dure horas y horas màs de lo pensado. Suena espantoso, pero si te sonrìe la fortuna te puedes encontrar con una forma de transporte extremadamente econòmica y con situaciones realmente divertidas. Es cuestiòn de como ruede ese dìa la ruleta de la fortuna transportista limeña. El tìtulo de esta entrada es precisasmente el pregòn que emiten los cobradores de las combis en la Avenida de Arequipa, a unos decibelios inalcanzables para el resto de los humanos y mientras golpean violentamente la maltrecha chapa de sus vehìculos. Alguna vez lleguè a pensar que si no me apartaba a tiempo, alguno de ellos me introducirìa a la fuerza en uno de sus cubìculos. Nunca oì que pasara tal cosa, pero por si acaso preferìa caminar lejos del borde de la calzada.

   Los turistas hacen fotos. Los "emigrantes", no. No tengo ni una mìsera foto de mi estancia en Lima. Bueno, alguna de cuando hice escapadas fuera de la ciudad o de la despedida de algùn amigo que volvìa a España. Poco màs.

   Los turistas se alojan en el Pucllana Lodge. Los "emigrantes", no. Yo estaba tan a gusto que no tenìa demasiado interès en mudarme, pero era evidente que si iba a pasar un tiempo en la ciudad, tendrìa que buscar un alojamiento màs econòmico. Dice mucho de los dueños el que fuera precisamente Cecilia la que me proporcionò la direcciòn de un hostel en las inmediaciones del parque Kennedy, que  segùn ella, era de lo mejorcito que iba a encontrar a un precio ajustado. En cuanto fui a inspeccionarlo, le di mis bendiciones. Buen ambiente, un precio increìble para estar en una de las mejores zonas de Miraflores, limpio y con azotea para ver los tejados limeños. Ni me lo pensè. Al dìa siguiente, mi primera mudanza en Lima.

   Sè que muchos se horrorizan sòlo de pensarlo, entre ellos, todo los amigos españoles que hice en la ciudad, pero me alojaba en un dormitorio compartido por otras siete personas. De hecho, cuando intentaba explicarle a mis amigos dònde vivìa y còmo funcionaba, encontraba serias dificultades. Màs de uno tuvo que venir a ver con sus propios ojos còmo era eso y còmo podìa ser que yo estuviera allì tan a gusto. La cantidad de bromas que tuve que aguantar a costa del Che Lagarto, que ese es el nombre del hostel, sòlo yo lo sè. Pero es que despuès de tantos meses viviendo en ellos, me he acotumbrado  y me encanta. Me encanta desayunar con un ruso y un colombiano, comer con un japonès y ver la tele antes de acostarme con dos basileñas y un venezolano. Me encanta, me parece adictivo, y ahora mismo no concibo otra forma de vivir. No me apetece encerrarme en un departamento con dos personas y ver todos los dìas los mismo caretos, y no puedo ni pensar en vivir sòla. No sòlo porque sea caro. Es que no me apetece en absoluto. Estoy feliz en el Che Lagarto.

   Una vez instalada y con mi curriculum listo, una mañana me tirè a la calle. No sè si serìa verdad, pero me dijeron que allà aùn se estilaba presentarlos en papel asì que me puse manos a la obra. Me habìa hecho con un directorio de empresas españolas en Lima y a por ellas fui. Tambièn cayeron algunas empresas peruanas, grandes almacenes, supermercados. Fue una mañana agotadora y cuando a medio dìa ya iba arrastràndome de cansancio y  muerta de hambre, me topo con un cartel que promete "lentejas con chorizo". Se me caen los palos del sombrajo cuando lo leo, y aunque me habìa propuesto austeridad absoluta, decido saltarme mis recièn estrenados buenos propòsitos y meterme entre pecho y espalda un buen plato de lentejas.

   Se trata, por supuesto, de un restaurante español, de los muchos que hay en las calles de Lima, o màs exactamente de Miraflores. Cuidada decoraciòn, preciosa terraza y buen ambiente. Yo, concentrada en mis lentejas. Cuando rechazo la chicha morada y pido una copa de Ribera, observo que un señor de mediana edad que hace las veces de jefe de sala, da una indicaciòn al camarero que me està atendiendo para servìrmela èl.  Luego me contò que habìa estado todo el tiempo dudando si yo era peruana o española, pero la elecciòn de la bebida disipò cualquier duda. Entablamos conversaciòn, me sirve el resto del menù y me pide permiso para tomar un cafè conmigo. Tambièn es español y recalò en Lima hace bastantes años despuès de una mala racha personal y laboral en España. La agradable sobremesa, en la terraza y hasta con unos rayitos de sol anèmicos pero deliciosos, se prolonga durante horas. Cuando le cuento que estoy buscando trabajo, duda un momento y me propone que si quiero trabajar allì. Yo en principio le digo que no, que no tengo ni idea, pero al poco rato me convence para que acepte. La verdad es que no tengo nada que perder por probar y el Barcelona 360 me parece un sitio perfecto para hacer relaciones interesantes. Asì que me veo, tras mi primer dìa de bùsqueda de trabajo, volviendo a casa con un polo negro, un mandil y el compromiso de volver por allì al dìa siguiente a las 11 de la mañana. Casi no puedo creerlo

 

 

jueves, 18 de diciembre de 2014

LIMA.PARTE I. CUANDO FUI TURISTA





Lima. Còmo juega a veces el destino con nosotros. Cuando crees que has tomado las riendas de tu vida y que desde ahora en adelante vas a ser tù la que decidas cada paso, va el duendecillo travieso de turno y decide pasàrselo en grande rièndose un poco de tu ingenuidad.

   Lima no era una ciudad que despertara especialmente mis simpatìas. No tenìa muy buenas referencias y no me gustan demasiado las grandes ciudades, pero, como es lògico, tenìamos que dedicarle unos dìas a visitarla, aprovechando que el aviòn de vuelta de Isa partìa de allì.

   La Lima que nos encontramos al llegar, no tiene nada que ver con la idea que yo me habìa hecho de la capital del Perù. Quizà en mi subconciente perduraban las imàgenes que describìa una amiga cuando estuvo allì hace bastantes años para adoptar una niña, o quizàs alguien me habìa contado alguna historia truculenta relacionada con la ciudad. No lo sè, pero lo cierto es que nos encontramos una ciudad increìble, moderna, segura, con una oferta cultural y gastronòmica que harìa palidecer de envidia a alguna que otra capital europea. Quizàs fue la sorpresa, al menos por mi parte, porque Isa iba màs informada que yo, pero fue un amor a primera vista. Y eso que , a pesar de todo, los mimbres con que Lima teje sus cestos no son precisamente los que yo màs valoro en una ciudad.


La Rosa Naùtica. No sè cuàntas veces fotografiè este restaurante cuando fui turista.
Tantas como lo frecuente despuès, quizàs, como "emigrante"


   Vale, tiene mar. Ese es un argumento de peso a la hora de valorar una ciudad, pero el mar de Lima...ay. Vistas desde lejos, sus playas ya son poco prometedoras, pero si te armas de valor y te decides a darte un baño, la temperatura de sus aguas y las eventuales alarmas por contaminaciòn que periòdicamente prohiben el baño, hacen que deje de parecerte una buena idea antes siquiera de intentarlo. El agua que corre por los grifos tampoco es una maravilla. Aunque me habìan advertido de no beberla, yo, que bebo mucha agua a diario y detesto acarrear garrafas, la hervìa y santas pascuas. Caì en la cuenta de mi error cuando alguien me vio hacerlo y me dijo que la contaminaciòn viene porque tiene metales pesados, con lo que hervirla era, ademàs de inùtil, una estupidez.

   Y para què hablar del clima. A pesar de que llegamos cuando la primavera empezaba a instalarse en la ciudad, el sol no se dignò a hacer acto de presencia en ningùn momento. Una monòtona y sempiterna capa gris plomizo cubre inexorablemente el cielo limeño. Los primeros dìas, mediado octubre, hizo bastante frìo, aunque sin exagerar. Luego la temperatura se templò, pero el sol no nos brindò ni un tìmido rayito. Yo, que siempre digo que funciono con energìa solar, no pensaba que pudiera acostumbrarme a vivir allà ni de broma. Pero el duendecillo travieso andaba haciendo de las suyas..

   De nuevo fuìmos afortunadas con el alojamiento. El Pucllana Lodge, en Miraflores, por la zona de dos de mayo, fue nuestro refugio mientras fuimos turistas en Lima. Màs adelante, cuando dejè de ser turista, Santiago y Cecilia se convirtieron en amigos, confidentes y uno de mis mejores apoyos entre mis contactos limeños. Pero  esa es otra historia.

   Lima no fue recatada a la hora de intentar seducirnos. Muy al contrario, desde el primer momento se esforzò por desplegar todas sus gracias y atractivos para atraparnos en sus redes y hacernos incondicionales, mientras intentaba esconder, coqueta, sus numerosas imperfecciones y defectos. Nuestro primer dìa decidimos recorrer el distrito centro de Lima, que quizàs al caer el sol no sea una zona del todo recomendable, pero es un sitio maravilloso para pasar una mañana de domingo.

Los balcones de madera del centro de Lima son una autèntica maravilla.


   No nos faltò de nada; pasacalles espectaculares, rondallas que parecìan sacadas del mismìsimo barrio de la viña gaditano, la inevitable feria gastronòmica, bodas y hasta dos procesiones. Lima sacò su artillerìa pesada para hacernos pasar un domingo divertido y variado. Y nosotras nos aprovechamos y disfrutamos de lo lindo.


Boda limeña


Teatro Colòn

Plaza Mayor

Balcones en la plaza Mayor
Edificio de la municipalidad (ayuntamiento)

catacumbas de la Iglesia de San Francisco

Otra imagen de la Plaza Mayor



El Jiròn de la Uniòn. Una de las calles màs comerciales y animadas del centro de Lima.
A nosotras nos recordò a la Calle La Bola de Ronda




Pasacalles

Los hermanos Peperoni de Lima. Igualitos que los gaditanos de Manolito Satander.
Bueno, en Càdiz tienen màs arte

Una de las procesiones que nos encontramos ese dìa

   Y al dìa siguiente, los acantilados de la costa verde, el encanto bohemio y decadente de Barranco, los gatos del parque Kenedy...(bueno, esto ùltimo digamos que me gustò màs a mì que a Isa). A pesar de que todo està envuelto en una neblina espesa, nos atrapa Lima.






Acantilados de la Costa Verde

En Barranco, con Chabuca Granda

Barranco

El puente de los suspiros

Subiendo al Cerro de San Cristobal. 

   Isa se va y yo...yo estoy cansada. Por una parte, me apetece atravesar Ecuador y llegar hasta Colombia. Llevo deseando casi desde antes de salir conocer ese paìs. Pero por otra, estoy cansada. Este ùltimo mes en que he vuelto al tempo del turismo, y , sobre todo, la operaciòn de mi madre vivida desde la distancia, que a pesar de no revestir demasiada gravedad, me ha hecho replantearme algunas cosas. Todo se me ha juntado un poco, aùn no lo tengo claro, pero estoy considerando quedarme un tiempo en Lima. Buscar un trabajillo de supervivencia y pensar durante unos meses en lo que quiero hacer. Cuando lo comento con Isa, se sorprende, aunque no le parece un mal sitio para mì. Hay mar, hay sitios donde caminar y parece adecuado para pasar unos meses.

   Despuès de nuestras largas jornadas recorriendo la ciudad, solemos sentarnos en una placita tranquila y recoleta que està abajo del hostel. Mientras Isa se fuma un ùltimo cigarrillo antes de subir, observamos a los vecinos pasear a sus perritos, a las mucamas paseando los perritos de los señores,las idas y venidas de los habitantes de este barrio tranquilo y charlamos sobre el pasado, y sobre el futuro. Nos imaginamos como serà mi vida aquì, còmo emplearè mi tiempo, si encontrarè un trabajo. Isa me hace un montòn de recomendaciones razonables, en plan hermana mayor.Yo me imagino dando largos paseos por los acantilados, trabajando (aùn no sè en què), estudiando (aùn no sè què) y llevando una vida austera, metòdica y ordenda.

   Imagino que el duendecillo bromista debìa estar agazapado, escuchando detràs de un àrbol, tronchàndose de risa.

 

viernes, 5 de diciembre de 2014

DE LA PAZ A CUZCO. MACHU PICHU





   Esta vez nada de autobùs nocturno. Diez horitas desde La Paz a Cuzco, que afrontamos como oficinistas disciplinados se enfrentan a su monòtona tarea diaria. Ya llevamos muchos kilòmetros de autobùs en el cuerpo y en las retinas ( yo alguno màs que Isa) y, a pesar de que nos ilusiona siempre enfrentarnos a un nuevo trayecto, hay que confesar que ya no es lo mismo que al principio. Ademàs, hemos dormido poco y estamos especialmente cansadas, asì que hasta nos cuesta mantener los ojos abiertos.

Frontera de Bolivia con Perù



   Llegamos a Cuzco sobre las ocho de la noche. Como siempre, nos asalta un enjambre de cazaturistas para ofrecernos la mejor opciòn (segùn ellos) como  alojamiento  en Cuzco. Nos decidimos por una señora, sin saber muy bien por què, probablemente por su insistencia. Tras un accidentado trayecto, con averìa de vehìculo  incluida y varias paradas en sitios infectos que no nos gustaron ni un poquillo, decidimos prescindir de los servicios de la señora, que era terriblemente pesada y penosa, y buscarnos la vida nosotras. Tuvimos suerte y encontramos un alojamiento en pleno centro, econòmico, limpio y con una habitaciòn enorme para las dos.



Cuzco




   A la mañana siguiente, ya repuestas de la paliza de autobùs, nos lanzamos a recorrer la ciudad. Yo, ignorante como siempre, no tenìa mucha idea de la importancia històrica de Cuzco, pensaba que era simplemente el paso obligado para ir a conocer Machu Pichu. Pero nada màs lejos de la realidad. supongo que cualquiera(menos yo) sabe de la importancia  de la ciudad y no hace falta màs que dar un pequeño paseo para darse cuenta. Pero prescindiendo de su importancia, a mì lo que me pareciò es una localidad encantadora, muy agradable de recorrer y con una plaza de armas fascinante. Al atardecer, nos apostàbamos en alguno de los incontables balconcitos que se asoman a la plaza, con un pisco sour o un chocolate calentito, segùn se terciase, a ver "pasar la plaza", como decìa aquel. A las dos nos recuerda a la famosa plaza de jamaa el fna de Marrakesh. Aunque en realidad sean tan distintas, ambas son igual de fascinantes. Si mirar plazas fascinantes desde una terraza fuera un deporte, yo habrìa al fin encontrado el mìo.










Con arco iris incluido


   Nuestra experiencia gastronòmica, sin embargo, no ha sido tan positiva. Nos decidimos por fin a ir a un sitio terriblemente turìstico pero que varios locales nos refirieron como bueno para degustar la gastronomìa andina. Yo, normalmente tan atrevida, decido ser conservadora en contra de mis costumbres, pero es que el ceviche es mi debilidad y en cuanto me lo mencionan, no puedo resistirme a tomarlo. Isa, valiente y curiosa, pregunta cual es la comida màs tìpica de Cuzco, y la mesera, sin dudar, le responde
-·"el cuy".
- Pues pòngame cuy.

   Bebemos, miramos el espectàculo, nos sentimos turista idiotas, en fin, lo normal en esta clase de sitios. Isa hace fotos compulsivamente. Como todo el tiempo. En otra ocasiòn hablarè de la opiniòn que me merece la gente que hace fotos compulsivamente. Pero no ahora, tengamos la comida en paz. Yo no las tengo todas conmigo con la comanda, no sè, un mal presentimiento. Y cuando nos sirven , todos mis presagios se confirman. ¿se acuerdan de que les prometì que tendrìamos otro encuentro con roedores andinos? Pues bien, he aquì que nos traen una bandeja con el famoso cuy, que no es otra cosa que una rata enorme, con sus patitas y pezuñitas, hasta con sus dientecitos, y con la pancita llena de hierbajos. Como imaginareis, se nos hizo la boca agua




Mira que yo como de todo, pero aquello es que no habia por donde hincarle el diente. Y vive dios que no nos dejamos amedrentar por su aspecto tan poco apetecible y lo intentamos. Nada, pellejo correoso y huesos. Mi ceviche, delicioso. Menos mal.

    Aquì tuve mi primer encuentro con la chicha peruana. La hay de varias clases, pero la que màs predicamento tiene es la chicha morada. Es una bebida con poco o nada de alcohol, elaborada a base de maìz morado. Despuès del pisco, o mejor dicho, en otro nivel, es la bebida nacional del Perù y los peruanos le tienen verdadera aficiòn. Yo, la verdad, no acabo de verle el atractivo, aparte de su color, que es mi favorito. Isa y yo nos preguntamos si de esta bebida vendrà la frase "ni chicha, ni limonà". Vete tù a saber.

   Aparte de disfrutar de la belleza de Cuzco y de probar las "delicias" de su gastronomìa, nos dedicamos a buscar la opciòn màs favorable para visitar Machu Pichu. Como se puede suponer, hay tropecientasmil agencias que te ofrecen sus servicios, y hay que elegir una. Una vez hecha la elecciòn, sòlo tienes que rezar y confiar en tu suerte, porque hay tal cantidad de posibilidades de que lo que estàs pagando no sea lo que te van a dar, que casi no merece la pena comerse demasiado el coco y dejarse llevar un poco por la intuiciòn. En  este caso, nosotras, una vez pagados los servicios, no encontramos que nos llaman a las pocas horas y nos dicen que donde dijeron digo, ahora dicen diego. Que tenìamos que haber hecho la reserva con màs tiempo y que no hay plazas. Nuestra reacciòn, se puede imaginar. Debimos ser bastante convincentes ( o bastante violentas, no recuerdo), pero el caso es que al final, y por el mismo precio que habìamos pagado en un principio, conseguimos plaza para el dìa siguiente en un tren mucho màs lujoso que el que habìamos pagado. Pura suerte.

   Tremendo madrugòn al dìa siguiente.  Autobùs hacia Ollantaytambo. Atravesamos el Valle Sagrado de los Incas, y la belleza de los paisajes nos quitan de un plumazo el sueño y el cansancio. Montañas enormes y serpenteando entre ellas, el rìo Urubamba, al princio tranquilo y apacible, y conforme vamos avanzando, bravo y salvaje. Ante nuestros ojos pasan fugaces restos de ruinas que nunca veremos. Es como renunciar a los entrantes para poder hartarnos luego del plato principal.

  En Ollaytambo descendemos y nos dirigimos a la estaciòn de tren. Hace frìo y tenemos que esperar un buen rato . Antes ha partido otro, pero cuendo llega el nuestro, vemos la diferencia y al  subir es cuando somos realmente conscientes de lo que hemos ganado. Lujoso, pero sin llegar a ostentoso. Còmodo y con un montòn de chicos y chicas uniformados que se deshacen por atendernos. Todo esto se saborea mucho màs cuando pensamos que hemos pagado por el otro, que es mucho màs austero.

    El tren hace el trayecto a una velocidad bastante lenta, que favorece que se disfruten aùn màs los paisajes y yo lo saboreo encantada porque el tren, como ya habrè dicho en màs de una  ocasiòn , es uno de mis medios de transporte favoritos.


Peru rail Vistadome. Un lujo de tren


   Uno de los mayores atractivos es que el vagòn tiene el techo lleno de ventanas que te permiten ir disfrutando del impresionante paisaje desde Ollaytambo a Aguascalientes, que es nuestro destino y donde tomaremos el bus para ir a la ciudadela. Estamos eufòricas y animadas. Vamos a visitar uno de los lugares màs enigmàticos y atractivos del mundo, y aunque confieso que nunca ha sido un destino con el que haya soñado, siempre que ves fotos de gente que ha estado allì, te dan ganas de verlo de cerca, aunque sòlo sea una vez en la vida.

   Cuando descendemos en Aguascalientes, la voràgine. Hasta ahora habìa ido todo bastante tranquilo pero en esta ciudad confluyen sin remedio todos los que van a visitar las ruinas y las calles estàn cuajadas de turistas y de ruido. Tenemos que esperar un ratito en cola para tomar el autobùs. El trayecto dura una media hora, por una carretera con curvas de infarto, tan estrecha que el autobùs que sube tiene que parar para dejar paso al que baja, unos precipicios vertiginosos y una leyenda negra que mejor no pensar. Y eso es justo lo que Isa y yo hacemos tàcitamente. Disfrutar del  paisaje , que es una autèntica pasada. Yo soy una escèptica, supongo que quien haya leìdo algo de lo anterior ya lo sabrà, pero estas montañas, aparte de su belleza o quizàs a causa de ellas, tienen algo de especial. Algo que te pone en sintonìa con la Madre Naturaleza y eso siempre es una sensaciòn emocionante. Creo que esa es la palabra: es un paisaje emocionante.





   Cuando descendemos sanas y salvas del autobùs, de nuevo la avalancha turìstica. Un guìa nos levarà por la ciudadela y luego tenemos bastante tiempo para disfrutarlas a nuestro aire. Cola para hacerse la foto de rigor con el Waina Pichu al fondo, colas para asomarse al mirador. Gente, gente, gente. Yo me siento màs fascinada por el paisaje y la sensaciòn que me producen las montañas que por lo que se supone que tendrìa que impresionarme, o sea, las enigmàticas ruinas de la ciudad sagrada de una civilizaciòn fascinante y desconocida. Pero es que es un tema muy manido, y yo le tengo un poco de manìa, todo hay que decirlo. Mi respuesta ante los centenares de conjeturas acerca de Machu Pichu siempre es la misma ¿y a mì que màs me da? No se, serà porque hay tanta gente especulando e investigando sobre ello, que siento que no hace falta que me preocupe yo. Ante estas cosas, mi natural curiosidad se inhibe y cuando me vi allì, me dediquè a disfrutar de la belleza del lugar y a intentar esquivar a los turistas. Alguna gente nos aconsejò dormir en Aguascalientes y salir antes de amanecer hacia Machu Pichu, bien caminando, bien en los primeros autobuses, pero aparte de que no nos seducìa mucho el madrugòn, otros chicos que conocimos en Cuzco no  aseguraron que, aunque ver amanecer en el camino es una maravilla, la cantidad de gente que lo hace incluso a esas horas, es tambièn considerable. Otros muchos nos hablaban del camino del Inca, que es una ruta a pie de unos cuatro o cinco dìas y que se supone que es el camino pòr el que los incas accedìan a la ciudad. Muchos nos miraban con desprecio cuando les respondìamos que ni siquiera habìamos contemplado esa posibilidad.Yo respeto a todo el mundo, pero sinceramente no acabo de verle el chiste a estar cuatro o cinco dìas subiendo y bajando montañas a miles de metros de altitud, congelada, durmiendo en el suelo y sin poder ducharme. Y encima, sale caro. Pero ahora lo que se lleva es eso y luego contarlo poniendo los ojos en blanco y diciendo que vienes cambiada y tal. Para gustos los colores.

   Aparte de todo, la visita a Machu Pichu es realmente interesante y recomendable sin bagajes. Cuando volvemos a Aguascaliente, aùn tenemos tiempo de visitar una feria de comida tìpica peruana donde probamos algunos platos muy ricos. El viaje de vuelta en el tren lo hacemos ya de noche, con lo que pierde uno de sus mayores atractivos. Las paredes y techos de cristal dejan de tener sentido, pero a cambio nos sirvieron una cena realmente deliciosa, todo con mucho lujo y boato. Nosotras, encantadas, claro. Despuès de la cena, los chicos que atienden a los pasajeros hicieron un espectàculo de bailes andinos y para terminar un pase de modelos con prendas elaboradas en lana de alpaca con unos diseños preciosos. Me hubiera encantado comprarme uno, pero los precios eran prohibitivos. La ùltima parte del trayecto, fritas y echas polvo, claro. Ha sido un dìa muy intenso.
Emocionante










   Nuestro pròximo destino es Lima.No tengo pensado nada para despuès, no tengo muy claro que voy a hacer.

   Los màs de mil kilòmetros que nos separan de la capital nos hacen plantearnos si no serìa interesante hacerlos en aviòn en lugar de en autobùs, y cuando vemos que la diferencia de precio es ìnfima, la decisiòn està tomada.

   Otro de los atractivos de Cuzco es su ambiente nocturno. Es el destino obligado de la gente joven con posibles para pasar la nochevieja y hay inumerables locales donde beber y bailar. Supongo que haràn màs cosas, pero yo ya no me acuerdo. Parece que esto es asì durante todo el año, pero la temporada fuerte es la nochevieja y fechas cercanas. Es bastante significativo que Isa y yo nos vayamos sin haber conocido esta faceta de la ciudad. A pesar de eso, lo hemos pasado fenomenal. Aquì, en la capital de lo que fuera el imperio inca, es quizàs donde màs comentarios adversos contra los españoles hemos escuchado, pero hay que decir que con tanto tacto y tanta gracia que no ha resultado incòmodo. Por ejemplo, en un city tour que hicimos un dìa con una guìa local, al señalar un templo inca decìa "esto lo hicieron los Incas", y aquello (señalando algùn templo español construido con material expoliado de alguna ruina) los "incapaces". Sòlo se conserva un 20% de las ruinas. Algunos dicen que porque los españoles arrasaron con todo. Sin desmerecer las barbaridades que se llevaron a cabo, digo yo que en este caso los terremotos tambièn habràn tenido algo que ver. Tambièn recuerdo un indio que vendìa artesanìa en un mirador sobre la ciudad donde habìa tres cruces y ante mi negativa a comprar, me regalò una flor preciosa hecha con alambre. Me hizo sentirme un poco mal, como aquella niña, parece que han pasado mil años, que me regalò un animalito en Camboya tras mi negativa a compràrselo. Bueno, aquello fue bastante peor









 



domingo, 23 de noviembre de 2014

DE ARICA A LA PAZ. VALLE DE LA LUNA Y LAGO TITICACA



  Arica no tiene gran atractivo , si no es por su clima benigno que la convierte en uno de los lugares preferidos de los chilenos cuando quieren disfrutar de unas vacaciones de sol y playa. Nosotras la elegimos como parada tècnica entre Iquique y nuestro siguiente destino, que aùn no tenìamos muy claro cual serìa.

Paisaje entre Iquique y Arica

Boutique


Por supuesto, ya que estàbamos allì decidimos dar una vuelta y ver, aunque sea de pasada, los lugares màs interesantes de la ciudad. La ùnica forma de hacerlo que encontramos fue pagando a un taxista que nos llevara a dar una vuelta. Debe ser una pràctica bastante habitual, porque se le veìa bastante acostumbrado a hacerlo e inlcuso nos hizo de guìa durante la visita.

   Lo màs representativo de la ciudad es el saliente costero llamado "morro de Arica". Allà subimos con nuestro taxista parlanchìn, que se lo currò esperando una buena propina de las dos turistas españolas. La verdad es que. sin buscarlo, tuvimos suerte, porque el tipo estaba documentado y se expresaba con solvencia, mucha màs que otros supuesto "guìas" que hemos padecido en otras ocasiones. Ademàs, era muy simpàtico.

   Despuès de una ronda por las calles y plazas màs importantes de la ciudad, subimos al morro, desde donde se divisa una panoràmica impresionante de la costa Ariqueña. El taxita-guìa, nos brinda un relato apasionado de la batalla que tuvo lugar aquì. A lo largo de mi vida he encontrado sujetos sorprendentes, como decirlo, personas que no encajan en el perfil que una espera encontrar en, por ejemplo, un taxista. Y es este gremio, junto con el de los pastores, dònde màs individuos de estos he encontrado. Y siempre lo celebro. Su relato es tan vìvido y tan vehemente que me transpsorto y me siento como si estuviera viviendo un "episodio nacional", pero en chileno.

   La guerra del Pacìfico, como casi todas las guerras, tuvo (¿o debo decir tiene? )un interès meramente econòmico y de fronteras. O sea, meramente econòmico. Y hay hipòtesis y versiones para todos los gustos, El salitre era el "oro blanco" de la època y aquì se encontraban los yacimientos màs importantes de esta preciada sustancia.

    Cùantas, cuàntas veces el hallazgo de una riqueza de este tipo ha supuesto ( o debo decir supone) la ruina, la guerra y la miseria para la zona donde se haya.

    Al final de la contienda, el salitre quedò en manos del capital britànico y Bolivia se quedò sin salida al mar, dando pie a un conflicto que todavìa hoy sigue de plena actualidad. El taxista tenìa su versiòn (chilena, como es normal). Pero los hechos son los hechos.

   Desde el morro tambièn se puede ver la isla de Alacràn. Bueno, la penìnsula de Alacràn, porque desde 1965 està unida a la costa por un istmo artifical. Nuestro dicharachero taxista nos informa de que en ella tienen lugar importantes competiciones internacionales de bodysurf (una modalidad de surf) y que vienen surferos de todo el mundo a coger la famosa "ola del gringo", conocida por su tubo perfecto y tambièn por su peligrosidad. Y a mì. completamente fuera de lugar, me viene a la cabeza un profe sudafricano de ingles , de Durban, que fue la primera persona que me hablò de bodysurf hace muchos, muchos años. ¿Què habrà sido de John?¿por què perdimos en contacto? Es increìble la cantidad de personas que pasan por una vida, dejan su huella para siempre y luego desaparecen.

    La islita fue, en la antiguedad, refugio de los indios camanchacos, prisiòn, y tambièn tuvo su papel durante la guerra. Hoy es un club marìtimo.

Penìnsula de Alacràn
Restos de la batalla
Cristo en el Morro de Arica

Vista de Arica desde el Morro








    Despuès del paseo, declinamos la oferta del guìa-taxista de visitar el museo para ver las momias chinchorro, que eran unos indios de la zona que hacìan momias mucho antes que los egipcios. Debe ser interesante, pero està demasiado lejos del nucleo urbano, y no tenemos muchas ganas de carretera.

   Tras arduas deliberaciones, decidimos ir a La Paz. Yo, francamente, no le veo mucho interès a la visita. Despuès de haberme quedado sin ver el salar de Uyuni, me parece una tonterìa visitar la capital, ciudad a la que no encuentro ningùn atractivo. Pero son las preciadas vacaciones de Isa, y yo ya he visto bastante. Estoy cansada. Agotada. Siento que tengo que parar y asimilar lo que llevo vivido este año. Siento que voy arràstràndome sin sentido de un lado para otro. Pero tambien me siento muy afortunada de que Isa estè pasando esto dìas conmigo,Asì que no pienso quejarme.


   Nos hubiera encantado ir en tren
Puerto de Arica



por la famosa ruta de Arica a La Paz,pero no fue posible. Aunque  tenìamos informaciòn de que estaba en uso, a la hora de la verdad no es cierto (o al menos no del todo cierto) y tenemos que ir en autobùs. Es un viaje largo, unas nueve horas, la oscilaciòn tèrmica va a ser fuerte y ademàs tenemos que volver a enfrentarnos al temido soroche, que yo tan bien habìa conocido en los geisers del Tatio. La perspectiva no es muy prometedora, pero allà vamos.







   Esta vez decidimos hacer el viaje de dìa, y es un completo acierto. Pocas veces he contemplado paisajes tan extraños como los de Bolivia. No se parecen a nada que haya visto antes. Me atreverìa a decir que tienen algo de alienìgenas.

    Ademàs, la frontera permanece cerrada durante varias horas por la noche, y aunque tomemos el autobùs nocturno, al llegar tendrìamos que esperar a que abrieran. Nos aprovisionamos de todos los caramelos de coca que encontramos en la ciudad y bolsitas de mate con la esperanza de poder pedir agua caliente en el autobùs.


    Lagos volcanes, montañas, valles, quebradas. Todo nos llama poderosamente la atenciòn. Al pasar por una aldea, vemos un entierro. Llevan el cadàver sobre los hombros en una parihuela. Apenas hablamos, sòlo nos damos codazos cuando vemos alguna escena que nos impresiona. Pastores de llamas,  cholas  con fardos de tamaños imposibles salidas de la nada. A medida que vamos ascendiendo, el frìo se hace mayor, e Isa empieza a tener dolor de cabeza. La altitud. Yo, de momento, me estoy librando.


Camino de La Paz

Lagos y montañas nevadas






   En la frontera, el caos. Nos hacen bajar del autobùs, colas interminables, luego nos hacen ir a pie hasta el puesto boliviano. Màs colas.Multitudes de gente vagando sin rumbo de un lado a otro. Perros, llamas, camiones, autobuses. Cuando por fin nos devuelven la documentaciòn, no encontramos nuestro autobùs. Pero en nuestra situaciòn hay montones de viajeros, que pupulan de un lado a otro. Llevamos horas aquì. Isa se siente tan mal que se atreve a comprar unas bolsitas de plàstico llenas de un lìquido viscoso de color indefinido que las cholas aseguran que alivia el soroche. Me compra otra a mì y las sorbemos con delectaciòn. Està calentito y , al fin y al cabo, lo que no mata, engorda. Sentimos bienestar inmediato, sobre todo Isa, que cada vez se iba encontrando peor. Entonces nos damos cuenta del paisaje que nos rodea, que es maravilloso, pero con tanto jaelo ni siquiera lo habàmos mirado.


Frontera entre Chile y Bolivia


   Una vez en el autobùs, cuando estamos a punto de arrancar, suben dos policìas con cara de pocos amigos y se ponen a buscar algo o alguien. Tensiòn. Se fijan en un chico jovencito, que va con pintas de artista bohemio y una guitarra y lo bajan del autobùs. Asì que no podemos irnos hasta que no vuelva. Parece que nos vayamos a quedar a vivir en el paso de Tambo, Es desesperante. Pasa el tiempo y el chico no vuelve.Los pasajeros del autobùs nos miranos entre nosotros sin atrevernos a especular sobre lo que puede estar pasando. Cerca de una hora despuès. aparece el chico, llorando amargamente. Nunca sabremos que ocurriò allì, pero fue un incidente de lo màs desagradable.
 
   La Paz te deja sin aliento. Y nunca mejor dicho. Con sus màs de 3600 metros de altitud, el menor esfuerzo que hagas te pasa factura. Y doy fe de que hay muchas cuestas. Pero no es sòlo eso. Es un espectàculo impactante. Una enorme olla rodeada de montañas colosales, coronadas de nieve, con el impresionante guardiàn Illimani dominandolo todo. Sin aliento.

La Paz y el Alto

El Illimani






   Isa està cada vez peor. El soroche le ha dado de pleno y siente que la cabeza y el pecho le van a estallar. Yo estoy preocupada, porque ya hemos recurrido a remedios de todo tipo y sòlo le hacen efecto un ratillo. Esta vez, yo no tengo ningùn problema, como debe ser. Para eso soy màs joven, hago ejercicio moderadamente y no fumo. Ea. En el fondo, a pesar de la preocupaciòn, siento un poco de satisfacciòn porque se haya hecho justicia y sea a ella a la que le ataque el mal de altura. Porque, eso sì, no para de fumar, la jodìa.

   - Ayy, aquì todo son cuestas y cuestas, y yo tan malita, dice mientras enciende otro cigarro. A veces me dan ganas de estrangularla y acabar con su sufrimiento.

   En cuanto estamos instaladas, y a pesar de lo mal que se siente, Isa y yo nos dedicamos a recorrer la ciudad. Las plazas y avenidas nos parecen inmensas, completamente abarrotadas de gente, coches, micros y puestecillos de toda clase. Es apabullante. Nos llama poderosamente la atenciòn la indumentaria de las cholas paceñas, con su bombìn, sus polleras (faldas), sus trenzas, y, sobre todo, su altivez. No consienten en ser fotografiadas y tuvimos algùn incidente màs que desagradable con eso. No digo yo que no  habrà turistas que se pongan pesados, pero siempre pagamos justos por pecadores. Oyendo sus desabridos comentarios, no puedo evitar acordarme de la sonrisa abierta y acogedora de la gente del sureste asiàtico, y comparar. Nos llegaron a pedir diez bolivianos por fotografiar una micro (especie de microbus) y en una tienda, incluso nos obligaron a borrar unas fotos que nos habìamos hecho con un sombrero.

Confiterìa callejera

Toda la calle es una tienda




   Largos paseos por la Avenida de El Prado, principal arteria de la ciudad, la plaza Murillo, donde nos contaron sobre el màrtir por la independencia que le da nombre y sobre los coloraos, una especie de "guardia pretoriana" boliviana,que hacìan guardia en el palacio presidencial, y que han protagonizado importantes capìtulos de la historia del paìs. La plaza de San Francisco, muy cerca de nuestro alojamiento, y por lo tanto paso obligado para ir a cualquier sitio bulle de gente y animaciòn a cualquier hora del dìa y casi de la noche. Al igual que la casi colindante plaza de Pèrez Velasco, màs conocida como "la Pèrez" y su pasarela, que une la "ciudad de los indìgenas", con la "ciudad de los españoles" y que se supone aliviò parte del caos que reinaba. No quiero pensar còmo serìa antes de la pasarela.

El conductor parò, nos increpò y nos pidiò 10 bolivianos

Desde la pasarela de la Pèrez








    Nuestro alojamiento està muy cerca del mercado de las brujas, que nos llama la atenciòn incluso antes de saber lo que es. Remedios para todos los males, del cuerpo y del espìritu, fetos de llama para ofrendar a la pachamama cuando se estrena una casa. Sahumerios.Amuletos. Bebedizos para no quedarse embarzada O para quedarse. Pòcimas para conseguir un trabajo o para que al jefe le vaya mal. Amarres para conservar al marido o para conseguir uno. La soluciòn a todos los males està en el mercado de las brujas de La Paz.



Mercado de las brujas

Remedios para todo. Yo pensaba que sahumerio era una palabra malagueña

Fetos de llamas



Màs fetos de llama. Estos estàn màs estropeadillos, lo pobres

   Desde el primer momento, me impactan los limpiabotas. Los hay a puñados y la mayorìa, muy jòvenes, aunque no vimos ningùn niño. Van tapados con pasamontañas y la verdad es que impresionan. Aunque imaginaba otra cosa, lo cierto es que se tapan la cara porque ser limbiabotas es un trabajo indigno en Bolivia, y no quieren ser reconocidos.

   Para què hablar del tràfico en La Paz. El ruido y la contaminaciòn estàn a la altura del caos que reina en toda la ciudad. Parte de ese problema espera resolverse con la puesta en marcha de un telefèrico que una la ciudad del Alto (los barrios construidos en las laderas perifèricas de la ciudad) con La Paz. Una obra magna, dadas las caracterìsticas orogràficas del lugar. Me encantarìa quedarme y verlo en funcionamiento, aunque, francamente, no acabo de creèrmelo.

   Y hablando del Alto, cada vez que lo hemos atravesado en autobùs nos hemos quedado hipnotizadas. Es un hervidero de gente, vehìculos multicolores tipo  bollywood, bloques de ladrillo a medio terminar, calles sin asfaltar y edificios con una estètica kitch indefinible. Al anochecer, hay hogeras encendidas a todo lo largo de la "carretera". Me encantarìa poder transmitir la sensaciòn que se siente al observar tal amalgama de personas, animales y vehìculos, en perpetuo movimiento, como jugando a un juego del que sòlo ellos conocen las reglas que nosotras nunca vamos a comprender. El Alto desde un autobùs.


El Alto desde un autobùs



Fotografìa gentileza de Isa. El Alto

Otra màs de Isa. No en balde dice que hizo 2600 fotos. El Alto

Otra màs de Isa. El Alto



   Decidimos hacer sòlo dos visitas y virar hacia otro destino dònde la altitud no nos fastidie tanto. Es un poco patètico vernos pegadas a la pantalla del ordenador del hostel, sorbiendo mate de coca como si nos fuera la vida en ello y mirando bàsicamente la altitud de los posibles lugares a visitar. Otros intereses han pasado a segundo plano. Ahora sòlo queremos saber a què altitud estàn.

    Y a pesar de ella, creemos que debemos ir al lago Titicaca y, por su cercanìa, elegimos tambièn el valle de la Luna.

Valle de la luna

Realmente es un paisaje lunar



   El  valle de la luna està a sòlo 10 kilòmetros de la Paz. Merece la pena la visita porque es un paisaje realmente extraño, formado por la erosiòn en montañas de arcilla. Hace bastante calor, aunque no llega a ser molesto.








Como la visita dura relativamente poco, vamos a visitar otras partes de la ciudad,como el mirador de laikakota, desde dònde se ve una vista impresionante de la ciudad.

Mirador de Laikakota


   El trayecto desde La Paz al lagoTiticaca no transcurre tan plàcidamente como al valle de la luna. Son sòlo unas tres horas si todo va bien, pero en nuestro caso se convirtireron en màs de cinco porque la carretera estaba plagada de barricadas de piedras. Habìa estado cortada durante dìas por unas protestas, no conseguimos enterarnos muy bien de su causa. Parece ser una pràctica habitual en el paìs.


Bloqueos en el camino de La Paz al lago Titicaca





 El lago Titicaca no es el lago màs grande de sudamèrica, como creìamos Isa y yo. Ese honor se lo lleva el lago de Maracaibo. Pero sì es el lago navegable màs alto del mundo. Y es que su altitud es de màs de 3.800 metros. A pesar de de ello, nos hemos decidido a venir.

   Los paisajes que vamos divisando al principio de acercarnos al lago, nos hacen preguntarnos si habrà merecido la pena exponernos a los peligros del soroche, pero a medida que nos vamos aproximando, se disipan nuestras dudas. Es de una belleza espectacular.

Lago Titicaca



Balsas de totora en el estrecho de Tiquina

Embarcando en el estrecho de Tiquina para pasar a la otra parte del Titicaca

   Al llegar al estrecho de Tiquina, tenemos que bajar del autobùs y cruzar en un trasbordador. El lago està dividido en el llamado lago menor y lago mayor por este estrecho. El lago mayor es nuestro objetivo, pues allì se encuentra la Isla del Sol, que es la visita que hemos escogido Una vez cruzado, volvemos a montar en los autocares, y seguimos hasta Copacabana, donde tendremos que buscar un barquito que nos lleve hasta la isla. Todo el tiempo nos previenen de que debemos movernos despacio y no hacer ningùn exceso para que no nos ataque la altitud. Yo no lo llevo mal, pero Isa sigue fatal.

   El lago Titicaca tambièn es conocido como lago sagrado, por la importancia que tuvo para la mìstica de los Incas y los Aymaras. En aymara, Titicaca significa gato gris y en quechua, puma de piedra. La leyenda inca cuenta que en este valle los hombres vivìan  felices sin problemas (vamos, el paraìso). Los dioses de las montañas los protegìan con la ùnica condiciòn de que no subieran a la cima, donde estaba el fuego sagrado (vamos, que el fuego sagrado era como el àrbol del bien y el mal del paraìso).

    Pero el diablo los incitò a hacerlo y los dioses, en represalia, soltaron a los pumas que devoraron a todo el mundo menos a una pareja. El dios Sol, conmovido ante la matanza, llorò durante 40 dìas y 40 noches ( esto me suena a mì...no sè si a Sabina, no sè si al Antiguo Testamento). Sus làgrimas formaron el lago Titicaca. Cuando volviò a salir el sol, la pareja que se habìa refugiado en una barca (uff,¿ èl no se llamarìa Atahualpa- Noè, por casualidad?) vio como los pumas se habìan convertido en piedra.

    Todo esto me hace recordar lo malìsima que soy contando leyendas, y lo repetidos que somos los humanos a la hora de inventarlas.

   El lugar es nido tambièn de buscadores de energìa, de seguidores de la ufologìa trasnochados y demàs fauna esotèrica, como yo les llamo. Muchos de ellos se empeñan en verle al lago forma de puma si se mira desde arriba. Yo, en la imàgenes aèreas que me han mostrado, veo un calamar fondòn soltando un chorro de tinta. En fin, diferentes puntos de vista.

   Copacabana es la parada obligatoria para tomar el barquito hacia la isla del sol, aunque de por sì ya tiene suficiente interès . A mì lo de Copacabana inevitablemente me sonaba a mulatas moviendo las caderas frenèticamente con bikinis infinitesimales, pero no. Esto es otra cosa, aunque tambièn tiene su puntito festivo, y mucho. Resulta que Copacabana es la advocaciòn màs antigua y una de las màs veneradas de la virgen Marìa en sudamèrica . Y yo pensando en mulatas. La imagen en cuestiòn tiene fama de milagrosa y se organizan peregrinaciones masivas a la basìlica de nuestra señora de copacabana. O sea, que esto es como el rocìo, pero en indìgena


Ceremonia en la basìlica de Copacabana

Parece una comuniòn

Basìlica de nuestrs señora de Copacabana

   .Pones el Titicaca en lugar del Quema, llamas en vez de bueyes, su poquito de mùsica de quena en vez de pito rociero, el còndor sagrado en vez de la blanca paloma , y ya sòlo nos falta atropellar un par de pumas con un 4x4 para sentirnos como en Doñana. Sì que hicieron daño los españoles, sì.


Bendicen los coches para no tener accidentes. Que digo yo que si condujeran un pelìn màs despacio, y mirando a la carretera, tambièn ayudarìa algo.


Estos tenderetes me recordaban mucho a las ofrendas a los monjes novicios en Asia


   Paralelamente, atraìdos por los bajìsimos precios, que te permiten dormir y comer( y drogarte) por una cantidad irrisoria para un europeo, hay una comuna hippie considerable. El ambiente es nefasto. Entre la multitud de turistas, peregrinos y tirados asaltàndote casa dos pasos para que les compres artesanìa , Copacabana es un sitio poco recomendable, aunque merece la pena una visita ràpida.

Barquitas para desplazarnos hasta la Isla del Sol


   Como cada vez que subimos o bajamos de una movilidad, que es como por aquì se llama a los transportes, caos total para acceder a la barquita. Todo se complica y se enreda hasta lìmites inverosìmiles, y lo que serìa una maniobra sencilla para acceder un grupo de personas a una pequeña embarcaciòn, se convierte en un martirio. La isla del sol, al igual que el lago, tambièn es de gran importancia para la mitologìa indìgena, y en ella se encuentran las ruinas màs antiguas de la civilizaciòn incaica. Probablemente por ignorancia, a nosotras no nos parecen nada del otro mundo. La visita estrella es ascender por un camino hasta un mirador y parar durante la ascensiòn en la fuente de la eterna juventud, cuyas aguas hacen ser eternamente joven al viajero que las bebe. Ni una promesa tan tentadora hace que Isa considere por un nanosegundo ascender ni un miserable escalòn.




- Yo te espero aquì, dice instalàndose en una especie de chiringuito al pie de la escalera que da comienzo a la ruta. A medio camino, sin resuello y agotada, envidio su decisiòn. Ademàs, esta vez no puedo decir que mereciò la pena el esfuerzo porque las vistas tampoco me parecieron gran cosa. A lo mejor el problema es que llevo demasiadas vistas maravillosas en demasiado poco tiempo . Lo ejor de la ascensiòn fue la gente que me encontrè en el camino y ver a los autòctonos desenvolverse en un entorno poco contaminado por el turismo, a pesar de todo.







Islita del lago Titicaca. Foto cedida por Isa

   Cuando empezamos el viaje de vuelta a La Paz ya habìa anochecido, y la temperatura habìa descendido vertiginosamente. Cuando nos tocò atravesar el estrecho en barquita, tras la inevitable confusiòn para embarcar, y cuando hemos recorrido aproximadamente la mitad del lago, el motor de  nuestro bote empieza a carraspear y acaba por detenerse tras un crujido de muy mal agûero. Silencio. Nuestro barquero se esfuerza una y otra vez en arrancarlo sin ningùn èxito. Nadie habla. Ni siquiera nos miramos. El frìo es tan intenso que nos arrimamos unos a otros involuntariamente, buscando un poco de calor animal. Al ver que no hay nada que hacer, nuestro barquero empieza a llamar a otra barca para que venga en nuestro auxilio

- ¡ veintisieteee¡ ¡veintiseietee¡ Se conoce que las barquitas estàn numeradas

   La oscuridad es total. La voz de nuestro barquero es tan dèbil que casi no alcanzamos a oirla nosotros mismos. La noche amenaza tormenta y el barco lleva un rato zozobrando cada vez màs intensamente, asì que , tìmidamente al principio y luego poniendo la vida en ello, empezamos a apoyar a nuestro tìmido barquero.

-¡¡¡VEINTISIETEEEEEE¡¡¡¡ ¡¡¡¡VEINTISIETE¡¡¡¡ Si no fuera porque el frio me ha congelado la barbilla, me partirìa de risa de pensar en la situaciòn.

   Al fin llega la barquita vientisiete, y tras una operaciòn de abordaje que ya hubiera querido para sì Sandokan, nos instalamos en ella y podemos terminar nuestra travesìa. Por descontado, llegamos a La Paz muchas horas despuès de lo previsto, ateridas y agotadas. Por cierto, por màs explicaciones que me den, no entiendo como en esta cultura no tienen chimeneas en las casas.